"Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos."

"Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos."

La violencia es el miedo a los ideales de los demás. La humanidad no puede librarse de la violencia por medio de más violencia. No me gusta la palabra tolerancia pero no encuentro otra mejor. Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena. La verdad jamás daña a una causa justa. Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en èl. Un país, un civilización se puede juzgar por la forma en que trata a los animales. Los medios impuros desembocan en fines impuros. La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo. ¿Que otro libro se puede estudiar mejor que la Humanidad?

Todo lo que se come sin necesidad se roba al estomago de los pobres. Los grilletes de oro son muchos peor que los de hierro. El que retiene algo que no necesita es igual al ladrón. Casi todo lo que realicé es una insignificancia, pero es muy importante que lo hiciera. Para una persona no violenta, todo el mundo es su familia. El capital no es un mal en sí mismo, el mal radica en el mal uso del mismo. Gandhi


viernes, 14 de mayo de 2010

Dios y el trabajo.


Es más popular hablar de vacaciones que de "trabajar", es tan igual como decir "creo en Dios a mi manera", un poco de aquí un poco de allá...cuando me conviene.

Pero el trabajo es un principio establecido desde el comienzo, y todas las religiones lo consideran esencial, y especialmente el cristianismo. Porque nadie puede objetar que Dios es un trabajador eterno. Y Jesucristo trabajó, y todos tenemos que hacer algo para ganarnos la vida. En resumidas cuentas en trabajo es popular hasta en los cielos.

En nuestra hermosa naturaleza podemos ver reflejado a cada paso que la laboriosidad es inherente a sus criaturas.
El señor Jesús escuetamente lo señaló:“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”
(Juan 5:17). Y a los discípulos también les remarcó: “Me es necesario hacer las obras
del que me envió” (Juan 9:4). Más claro echarle agua...hay que trabajar.
Pero donde esta la problemática mayor, los enemigos de Dios nos complican la existencia, nos hacen creer que nuestro trabajo carece de valor, que esta muy mal pagado, o lisa y llanamente que no tenemos porque trabajar.

Sí tenemos que trabajar y es legítimo darle importancia a nuestro trabajo por humilde que sea, como es legítimo conseguir que este sea correctamente remunerado, de ello depende nuestro bienestar y el de nuestra familia. Sólo la discapacidad y la vejez nos eximen en parte de la responsabilidad de trabajar.
Se le dijo a Adán y Eva cuando dejaron el Jardín de Edén: “Con el sudor de tu rostro
comerás el pan” (Génesis 3:19). Adán y Eva con la instrucción de Dios, comenzaron por trabajar el campo y criar animales, hacer herramientas, fabricar ropa, hacer sus casas etcétera y esto se lo enseñaron a su descendencia. El trabajo será siempre una necesidad tanto espiritual como material, incluso sin ser una necesidad económica. Y el trabajo no es una maldición, sino una bendición porque a través de el nos hacemos dignos de recibir la gracia salvadora de Dios. Si amamos a Dios guardamos sus mandamientos y este incluye el mandamiento que se les dio a Adán y Eva. Durante muchos años hemos asistido a los contantes ataques en contra del trabajo, tanto de parte de los dueños del capital, como del lado de quienes trabajamos, pero siempre hay oportunidades de retomar la senda correcta, y hoy los avances de la ciencia y la tecnología nos ofrecen una oportunidad única, para que en forma correcta el trabajo recupere el lugar que le corresponde como un principio crucial del desarrollo de la humanidad. Y para lograrlo lo que importa es empezar por deshacerse de añejos tabúes ideológicos: como el de la lucha de clases que pregona el izquierdismo...es falso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores